martes, 21 de marzo de 2017

(294) COMPLEMENTO INESPERADO- Escrito por Alfonso Cañizares Cimadevilla

Esta escultura, fue un encargo muy especial que me hizo Arantxa para homenajear a su marido el Dr. Michel Stephan y con la que disfruté mucho, tanto durante su diseño como durante su ejecución. 
Pero lo mejor de todo, fue ver la reacción de Michel al recibirla, su emoción al verla, eso....no tuvo precio.
Ahora, Alfonso Cañizares, la ha rescatado y escrito una bella historia en torno a ella, dándole un nuevo enfoque y valor. ¡Gracias una vez más Alfonso!

COMPLEMENTO INESPERADO
"Ya era inminente la «Primavera». Sí, digo bien: primavera con mayúscula a juzgar por la luminosa y cálida mañana de ese día en el que, arrastrando algún que otro achaque invernal, me dirigía a la consulta del médico de cabecera.
Nada de importancia que yo previera, pero molesto como una moscarda de verano posándose sobre los dedos de la mano izquierda paralizándolos. Deseché una mala postura nocturna, ya que el dolor reumático se atenazaba desde hacía semanas como esa visita inoportuna que proclama su ida, pero se mantiene en el quicio de la puerta devorando los minutos.
Dado el buen tiempo, decidí llegarme al consultorio dando un paseo: casi se podía ir en mangas de camisa. Una total incongruencia de propósito cuando el cuerpo pide, a gritos, tumbarse un rato al sol sobre el césped ornamental de algunas avenidas.
Disciplinado, deseché la idea; pero al igual que la inocente travesura infantil, intenté dar un rodeo por las calles del pueblo. Se respiraba una tranquilidad y un sosiego que se me antojaba un sacrilegio desperdiciar.
Así, me interné por unas callejuelas donde los tenderos departen sus cuitas apoyados en las puertas de sus establecimientos.
-¡Buenos días! -me saludaban los conocidos-.
-¡Qué! Buena mañana tenemos hoy ¿No? -les contestaba-.
-¡Aquí iba a estar yo si no me «inflaran» a impuestos! -respondían algunos-.
Sin embargo, reparé en una cara nueva: un jóven con la cara poblada por una cuidada barba, me sonrió amablemente, al escuchar los saludos a sus convecinos profesionales.
-Buenos días, a usted también -le dije-.
-Igualmente -contestó como un hindú o marroquí en un misterioso zoco, invitándome con ambos brazos la entrada a su nuevo local-; aunque su vestimenta profesional fuera una bata blanca.
Entre educadas sonrisas, pasé al interior. Se trataba de una pequeña tienda dietética con una gran zona dedicada a herbolario y en el que sus aromas, me transportaron lejos... muy lejos.
Bajados los tres escalones de la entrada, sorteé a mi derecha una estantería repleta por distintas clases de miel, perfectamente envasadas. La luz indirecta que traspasaba el escaparate, daba al local una luminosidad ambarina que invitaba al misterio. A dos pasos escasos, el olor a ajedrea, tila, jengibre, canela, salvia, manzanilla, cayena, té y todos aquellos que se puedan esperar de un comercio así, invadieron mis fosas nasales de tal manera que no entendía, al abrir los ojos, la falta de un fez o un turbante sobre la cabeza de aquel hombre, a quien sólo le faltaba dos tonos tostados más sobre la faz rodeando su nacarina sonrisa. Pero contrariamente a mi explosiva imaginación, la realidad le asemejaba más a un farmacéutico nutricionista.
-¿Qué le ocurre en la mano? -preguntó al ver cómo masajeaba inadvertidamente mi mano izquierda-.
-¡Nada! No se preocupe, gracias... Cosas de la edad...
-¿Reuma, quizá? -insistió lo más amablemente posible-.
Dada su franqueza, parecida al de un amigo con el que me pudiera cruzar, contesté con un breve relato sobre mis males y el propósito de mi inopinado paseo.
-¿Y va usted al médico por algo normal...? -preguntó sorprendido-.
-Pues ¡Ya ve! ¡Qué remedio! Soy escritor y necesito de mi mano que...
-¡Ningún problema»! -me interrumpió, nuevamente sonriente, con cara de verdadera preocupación- Una semana cubriéndose con «SOA» y volverá a escribir...
Su última frase comenzó a flotar entre mis inmediatos pensamientos y los aromas desplegados por la tienda. Algo en el brillo de su mirada me indujo a dejarle hablar, convenciéndome de las ventajas del producto.
-¡¡¡¿¿¿SOA???!!! ¿De qué me habla...?
-¡«Mon dieu», caballero! Un remedio largamente elaborado de Sílice Orgánico Alimentario. Ingerido o en uso tópico, es perfecto para erradicar sus dolencias y otros desajustes más del cuerpo humano.
Desconozco quien ha jugado al mus o al póker -por ejemplo-, pero aquello sonó como un envite en toda regla, empecé a escuchar con atención haciendo que mi confianza fuera en aumento...
De una estantería me alargó una muestra envasada en un frasquito cristalinamente marrón indicándome que tapara por las noches mis dedos en una gasa empapada con aquella sustancia. En la etiqueta rezaba «Complemento alimenticio» y se nombraba a un tal doctor Michael Stephan con varios galardones farmacéuticos por más de treinta años de actividad. Antes de escuchar mi educada negativa, soslayó que se trataba de una muestra gratuita a prueba.
De esto ha pasado un mes, mal contado y de no ser por mi suerte aquella mañana, pudiera ser que hoy no hubiera escrito esta historia. Me despido: la solución del frasco se ha terminado y debo bajar a proveerme de un envase más grande, no vaya a ser que...
¡Gracias, Michel, por tantos años de investigación!"
© Alfonso Cañizares C.
Dedicado a Mar Anton,
modeladora y ceramista;
y al Dr. Michel Stéphan
«Escultura homenaje al SOA»
[Silicio Orgánico Alimenticio - Dr. Michel Stephan]
Mar Antón Hernán-Pérez (1975- ) España
https://www.facebook.com/marantonceramicaymadera
http://www.ceramicaymadera.com/
http://www.maranton.net/

miércoles, 1 de marzo de 2017

El taller

Llevaba días con desgana a la par que con esa inquietud de saber que tienes un montón de cosas que hacer, pero que no sabes ni por donde empezar.

¿Por qué me sentía así?

Ni idea

¿tal vez cansancio?
¿hartura?
¿ganas de mandarlo todo al carajo?

¡Qué va! mirando a mi alrededor, descubrí que ¡tenía el taller patas arriba!

¡Ay el subconsciente! Necesitaba ordenar y crear armonía en mi espacio exterior para que el interior empezara a funcionar.

Ahora que lo he ordenado y limpiado a fondo, parece que todo empieza a fluir de nuevo....¡Uf, qué susto!








viernes, 24 de febrero de 2017

Subo la montaña y pienso......

......que se asemeja mucho a la vida. Hay veces que cuesta más avanzar y otras menos.

Hay momentos de sufrimiento y momentos de disfrute extremo.

Hay momentos en los tirarías la toalla nada más empezar, pero piensas...bueno, vamos a avanzar un poquito más, vamos a darle una oportunidad.

Hay momentos en los que crees que, después de varias ascensiones y muuuuchas horas caminando en condiciones un tanto "difíciles", no puedes más, pero aún así consigues sacar fuerzas y continúas.

Hay momentos en los que necesitas apoyo de terceros, y ahí aparecen, sin siquiera conocerlos, y te ayudan, te acompañan durante una parte del camino y estableces una conexión extraña, porque no los conoces, pero a la vez es como si les conocieras de toda la vida, y sabes que será una amistad fugaz, que no volverás a verlos.

Momentos en los que aún estando casi llegando a la cima, llegando al punto que te habías propuesto, decides que lo mejor y más sensato es darse la vuelta, que en las condiciones que vas y las condiciones del terreno, no merece la pena jugarse la vida.


Eso no significa que abandones, no significa que seas un cobarde, simplemente has decidido parar, has decidido descansar, has decidido coger fuerzas, para más tarde, otro día quizá, poder continuar. 

En realidad la cima seguirá ahí, no se moverá, siempre estará esperándote.

Y al final del día, ya en casa, haces balance, y lejos de sentirte derrotado, entiendes que esa experiencia, ese recorrido, ha hecho que salgas fortalecido.

Y al final, casi sin darte cuenta, ya estás pensando en la próxima travesía.

¡ESTAS SON LAS COSAS QUE ME INSPIRAN!





jueves, 23 de febrero de 2017

Qué hacer si se funde vidrio en los ladrillos del horno

Ayer me di un susto de muerte, cuando vacié el horno y quité la última balda, me encontré con que en la base había un cráter provocado por un trozo de vidrio/cristal que seguramente había caído en esa zona durante la cocción.

Evidentemente aquello no podía dejarlo así, porque si seguía haciendo cocciones, el cristal volvería a fundirse una y otra vez y el cráter se iría haciendo más y más grande y más profundo.

Como no me atrevía a tocar aquello, llamé inmediatamente a Antonio, el técnico de hornos de mi zona y del que no puedo más que hablar maravillas. En seguida me tranquilizó, no hacía falta desmontar el horno entero para cambiar un ladrillo jeje, ni la reparación me costaría un riñón. ¿La solución? Muy sencilla, quitar con mucho cuidado todo el vidrio fundido y rellenar el hueco con Alúmina Calcinada en polvo. Aquí tenéis el proceso, por si os sirve de ayuda.









Y preguntaréis, vale, esto va muy bien para cuando te pasa en la base del horno, pero ¿qué se hace si sucede en las paredes?.

Pues bien, para esta pregunta, Antonio también tenía la respuesta. Me comentó que él normalmente hacía una especie de pasta mezclando cemento refractario con trocitos de ladrillo y con eso rellenaba el hueco correspondiente.

Otra pregunta que me surgió fue, entonces ¿por qué no utilizar únicamente cemento refractario? A lo que me contestó que se podría hacer, pero que normalmente éste cemento tiende a agrietarse y que por lo tanto quedaba mejor de la otra manera.

Y tú, ¿conoces alguna otra técnica?

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...